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Serrata degli agrari in argentina. Mangiare o esportare?

Carlos A. Vicente, GRAIN,
carlos@grain.org

Frente a la actual crisis provocada por el lock-out (cierre patronal, que según Wikipedia está prohibido en la mayoría de los países de la Unión Europea) de los productores rurales de soja vale la pena detenerse a mirar un poco más allá de la actual coyuntura para entender de que se trata y poder dar una mirada que no oculte detrás de un árbol el bosque de problemas que nuestra sociedad enfrenta. Sin embargo parece que el avance de la frontera agrícola durante las últimas décadas nos ha dejado no solamente sin bosques reales sino también sin la capacidad de ver los bosques de ideas que se ocultan detrás de esta situación emergente.

Sin duda el debate sobre la necesaria distribución de la renta agraria o la manera de aplicar las retenciones a grandes y pequeños productores es parte de un proceso necesario y adeudado por la sociedad argentina.

Pero de ninguna manera podemos dejar de analizar como hemos llegado a esta situación, cuáles son los verdaderos problemas que enfrentamos y sobre todo cuáles son las consecuencias de un modelo que ha invadido la Argentina en tan sólo 12 años para producir ganancias espectaculares para algunos y problemas gravísimos para toda una sociedad que aún no reacciona aturdida por los cantos de sirena de las "producciones record".

Cría cuervos

Fue a mediados de la década del 90 cuando el gobierno menemista, de la mano del entonces Secretario de Agricultura Felipé Solá, autorizó el cultivo de la soja transgénica en Argentina. A partir de allí, en un crecimiento nunca antes registrado en la historia de la agricultura mundial, la soja transgénica comenzó a invadir nuestra tierra para llegar a ocupar hoy más del 50 % de la superficie agrícola.

La imposición de este modelo sin ningún tipo de regulación gubernamental abrió las puertas para lo que acertadamente algunos investigadores dieron en llamar “una maquinaria de hambre, deforestación y devastación socioecológica” (Pengue y Altieri, 1) en la que la destrucción de hábitats, la pérdida de bosque nativo, la invasión de transgénicos, el monocultivo, la contaminación ambiental, el desplazamiento de producciones regionales, la concentración de la tierra y el desplazamiento de la población rural formaron un combo explosivo del que todos los argentinos pagaremos las cosnsecuencias.

Abordemos solamente uno de los impactos de este modelo: la situación de nuestro suelos. Es absolutamente imprescindible tomar conciencia de que con las exportaciones de soja lo que estamos haciendo es vender uno de los más ricos de los recursos naturales que poseemos los argentinos que es nuestro suelo. La brutal extracción de nutrientes que se realiza en las 17.000.000 de hectáreas de soja y que parten hacia China o la Unión Europea para engordar su ganado va desangrando nuestro territorio dejando tierra rasa para las futuras generaciones.

No en vano el Gobierno Nacional anunció junto al aumento de las retenciones un plan de apoyo para la fertilización agrícola. Lo que el gobierno no comprende es que no hay ningún tipo de fertilización a gran escala que pueda devolver la vida a un suelo que ha sido esquilmado de la manera en que se lo está haciendo.

Pero por otra parte este suelo no es “propiedad” de los propietarios de la tierra, sino que, como recurso natural y tal como lo plantea la Constitución Argentina en su reforma de 1994, es un patrimonio de todos los argentinos. Vale la pena recordar su artículo 41: “Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras, y tienen el deber de preservarlo..... Las autoridades proveerán a la protección de este derecho, a la utilización racional de los recursos naturales, a la preservacion del patrimonio natural y cultural y de la diversidad biológica, y a la información y educación ambientales”.

Por otro lado la misma Constitución plantea en su artículo 17 el reconocimiento de “la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos” y allí se compromete a “Garantizar el respeto a su identidad .... y Asegurar su participacion en la gestion referida a sus recursos naturales y a los demas intereses que los afecten”.

Ninguna de estas obligaciones ha sido cumplida hasta ahora por el Estado Argentino y esta es una de las principales deudas internas tanto con el total de la sociedad como con los pueblos indígenas. Tampoco ninguna de las entidades rurales que hoy protestan ha hecho absolutamente nada en resguardo de estos bienes comunes. Todo lo contrario: cada productor ha avanzado hasta donde pudo (incluyendo banquinas) con el desierto verde de la soja.

Los verdaderos ganadores

Por supuesto que los "padres" del modelo, las grandes corporaciones agroalimentarias (Monsanto, Syngenta, Cargill) permanecen silenciosas y no emiten ninguna declaración ni opinión ni están presentes en los cortes de ruta.

Sin embargo ellas han sido las que, como acaba de definir Raúl Montengro (2), nos han hecho “rehenes de Monsanto” con la invasión de soja transgénica que hoy representa el 99 % de los cultivos de soja en Argentina. Mientras los sojeros argentinos cortaban las rutas, Monsanto anunciaba el día martes 25 en Nueva York el aumento de su pronóstico de ganancias para el 2008 “citando la fuerte demanda de maíz y semillas de soja y la mayor demanda de herbicidas” (3) y a principios del 2008 informaba que había triplicado sus ganancias con respecto al mismo trimestre del año anterior (4). Evidentemente no se muestran muy preocupados por las retenciones en Argentina.

Tampoco Cargill, Dreyfus, ADM o Bunge son parte de la protesta, aunque como bien lo señala el Grupo de Reflexión Rural (5) ellos son los verdaderos exportadores y quienes deberían estar asumiendo el costo de las retenciones.

Ni siquiera son de la partida algunos de los grandes pooles de siembra, como el grupo Grobo de Gustavo Grobocopatel que no pertenece a ninguna de las entidades que convocan a la protesta y que representan la mayor parte del cultivo de soja en Argentina, pero a los que seguramente poco les afecta un 10% más o menos de retenciones.

Soberanía Alimentaria

Las organizaciones campesinas e indígenas han expresado claramente su rechazo a este modelo desde hace más de una década y ya en la “Marcha por la defensa de nuestros derechos. Contra la precarización de la vida, el saqueo de los bienes naturales y la contaminación” realizada el 24 de setiembre del 2007 nos hablaban de “Un saqueo paulatino que en algunos años nos dejará sin las riquezas de la naturaleza. Riqueza que para ellos son recursos. Pero para nosotros son los bienes naturales y culturales de nuestros pueblos.” (6)

Ahora, el Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI), integrado por 15.000 familias de siete provincias, con absoluta claridad plantea que “esta es una oportunidad para redefinir las estrategias de desarrollo en función de la agricultura campesina indígena, el pequeño agricultor que vive en su predio, el trabajador rural. Esa estrategia debe contar como actores fundamentales a las organizaciones campesinas y los pueblos originarios, destinar recursos a créditos y subsidios que mejoren la infraestructura comunitaria, productiva y de servicios sociales en el campo profundo, detener los desalojos de familias campesinas e indígenas, planificar la redistribución de la tierra y el repoblamiento del campo, garantizar la producción de alimentos sanos para la población y centralizar en el Gobierno las exportaciones para regular los precios internos y redistribuir los ingresos.” (7)

Es hora de que escuchemos a quienes siempre han alimentado a nuestro pueblo y lo seguirán haciendo en el futuro a pesar del Agronegocio y los discursos rimbomabantes de la gente “del campo”. Es hora de que aprendamos a ver el bosque y cuidarlo.

Notas

  1. La soja transgénica en América Latina: una maquinaria de hambre, deforestación y devastación socioecológica, http://www.biodiversidadla.org/content/view/full/23297
  2. Argentina: rehenes de Monsanto, http://www.biodiversidadla.org/content/view/full/39814
  3. Monsanto eleva meta de ganancias de año fiscal 2008, http://lta.reuters.com/article/businessNews/idLTAN2538056820080325
  4. Triplica Monsanto ganancias en negocio de venta de semillas transgénicas, http://www.planetaazul.com.mx/www/2008/01/07/triplica-monsanto-ganancias-en-negocio-de-venta-de-semillas-transgenicas/
  5. El GRR frente al paro agrario, http://www.grr.org.ar/
  6. Argentina: marcha por la defensa de nuestros derechos. Contra la precarización de la vida, el saqueo de los bienes naturales y la contaminación, http://www.biodiversidadla.org/content/view/full/35016
  7. Argentina: no al modelo de agronegocios actual. Exigimos políticas para los campesinos indígenas, http://www.biodiversidadla.org/content/view/full/39802

Más información en


El GRR frente al paro agrario

GRR Grupo de Reflexión Rural
Marzo de 2008

Existe una mezcla de verdades y de mentiras en los discursos de ambos supuestos bandos de este conflicto del campo que esta en los diarios y en el paro agrario. Para Lustou, que debe alimentar un sistema político clientelar insaciable, las retensiones diferenciadas aparentarían ser aunque mínima, una medida justificada, al menos para buscar recursos y exhibir una cierta voluntad de equilibrar la desmesura de la sojización. Es por otra parte, lo mínimo que se podría aguardar de un gobierno como política agraria cuando la Secretaria respectiva esta en manos de alguien que no parece conocer sino de pugilato y de disputar el sillón de secretario. Al respecto dice Alberto Ferrari Etcheberry “Con total conocimiento de causa, el Poder Ejecutivo está transfiriendo a los exportadores cerca de US$ 2.000 millones. ¿Cómo? Aumenta las retenciones a la soja que pagan los productores pero permite que los exportadores se queden con esa porción enorme; esto es, privatizando ese impuesto en ! su beneficio. ¡Ni Menem llegó a tanto!”

La soja, seguirá siendo un gran negocio para muchos, aunque se eleven aun más las retenciones. De paso el Ministro de Economía, le recuerda en el diario al campo que con esas retenciones comprará en el curso del año cuatro mil millones de dólares para mantener el dólar alto. Cuestión fundamental que aparece de modo solapado: el valor del dólar que posibilita una Argentina agro exportadora en que los sojeros hacen fortunas, está mantenido gracias a que todo el país aporta comprando ingentes cantidades de dólares mes a mes para mantener el tres a uno... Pero de esto no se habla o simplemente se lo da a entender solamente como instrumento de presión, frente a los también insaciables que protestan un poco....

Por otra parte, en algo el campo tiene razón de quejarse. Se ha instalado una enajenación respecto a visualizar solo los finales de las cadenas productivas. Suponemos que tiene que ver con una mirada urbana excluyente y con los intereses de los Agronegocios y en especial de las cadenas agroalimentarias. Resulta evidente que las preocupaciones, las políticas, el foco de atención mediático, etc. están solo sobre los finales de las cadenas. Se visualiza el sache de leche no al tambero. Se visualizan los silos no las tranqueras. Se ve el final de la cadena, el resto no se considera.

Como GRR, hemos recordado reiteradamente que los derechos a la exportación comúnmente mal llamados retenciones, mal llamados porque lo que se retiene se devuelve y ello aquí no sucede, fueron establecidos por el Presidente Duhalde en el año 2002 para ser pagados por los exportadores. El ex director de la Junta de Granos dice:”El precio del grano que cobra el agricultor es el del mercado internacional menos las retenciones. Hoy US$ 533, menos 44% que es el impuesto que paga. Pero el responsable del pago al fisco es el exportador, que actúa como un agente de retención del impuesto que lo pagará mucho más tarde: 15 días después de haber embarcado el grano”. Y aparentemente así es, aunque la trampa es que los exportadores le añaden estos costos a la producción, o sea que violando el espíritu de la Ley, y con anuencia del Estado, socializarían estas retenciones hacia abajo con los productores e inclusive con los consumidores que somos todos nosotros, porque pagamos las retencione! s a la exportación del trigo aparentemente cada vez que compramos pan, con lo cual nosotros y cada productor, pagamos las retenciones con las cuales se mantiene el dólar alto para que el sistema continúe pedaleando, produciendo desempleo, cáncer y devastaciones, así como también dinero para paliar la pobreza que la soja produce y con esa pobreza "clientelizada" se pueda perpetuar el sistema político partidista que sostiene a la Republiqueta sojera minera...

Y lo paradójico es que, cuando los representantes del campo protestan, lo hacen contra el Estado que aplica las retenciones y no contra las corporaciones que, en nombre del Estado y abusando de su rol en la cadena de comercialización, las socializan con ellos. De tal manera que, abrevando en obsoletos criterios antiestatalistas de entraña liberal, hacen causa común con los mismos finales de la cadena que los abusan e invisibilizan, o sea con ADM, con Bunge, con Dreyfus, con Cargill... y la dependencia que sienten hacia las corporaciones es tan grande que siendo sus víctimas, prefieren operar como cómplices y acusar al Estado. ¿Acaso FAA, CRA o CARBAP son exportadores? Entonces, por qué razón van al paro agrario contra un impuesto a las exportaciones sino porque están cubriendo la aberración y la violencia de que las corporaciones les hagan pagar el tributo a ellos…

De hecho, tomemos conciencia que los que protestan por las políticas tributarias son los productores, no son Los Grobo, ni El Tejar, Cargill o ADM los que se quejan. Estos últimos le pagan al productor la Tonelada de Soja aproximadamente a 165 dólares cuando su precio es de trescientos dólares. Agrega el especialista Ferrari Echeverri:”En noviembre aumentaron las retenciones de 28 a 35% y a raíz de eso quedó en evidencia una situación inédita: cuando ni siquiera había comenzado la siembra de la soja, existían más de 18 millones de toneladas cubiertas por esos formularios, con sólo 4 millones compradas. Quedó así en claro que eran declaraciones que cubrían ventas falsas y efectuadas al solo efecto de quedarse con el previsible aumento de las retenciones, aprovechando la incapacidad del Gobierno que, desde al menos cinco o seis semanas antes, anunciaba el aumento sin haber cerrado el registro de los formularios”.

O sea que el resto, 135 dólares aproximadamente, va para el gobi! erno como derecho a la exportación. Luego la venden en el mercado de Chicago a 550 y además, generalmente lo hacen luego de triangularla entre sus propias oficinas para subfacturarla y pagarle lo menos posible al Estado. El negocio de los exportadores y de las empresas a ellos vinculadas, es de ese modo fabuloso. Pero no se detienen allí las ganancias. Los exportadores y sus socios, también y en simultáneo, se transforman en productores de agrocombustibles, de carne vacuna a corral y también de pollos, tal como la empresa AVEX de Los Grobo. Las nuevas y extraordinarias dimensiones de los agronegocios, tales como la Granja Tres Arroyos que faena tres cientos mil pollos diarios, y que participa de los actuales convenios de la Argentina con Venezuela, sube la apuesta productiva a niveles donde solamente pueden jugar las Corporaciones.

Las corporaciones están en el poder, esto queda claro en lo que expresa F. Etcheverry:”Entonces, se calculó que con esos formularios los exportadores "privatizaban" US$ 400 millones. El escándalo llevó a que Diputados aprobara un texto que eliminaba esa privatización del impuesto (alícuota y precio FOB) con efecto retroactivo. Sin embargo, en el Senado se tropezaría el miembro informante, el oficialista Roberto Urquía, quien es dueño de Aceitera General Deheza (la más grande de capital nacional que actúa sin conflictos con las multinacionales Cargill, Bunge, Dreyfus, ADM)” y agrega “Pese a ese evidente interés personal, Urquía no sólo no se excusó, sino que con el secretario de Agricultura, Javier De Urquiza, y los interesados, consensuó un texto que limitó el de Diputados y así se sancionó la ley el 26 de diciembre último. Inclusive, según el senador Miguel Pichetto, violando la instrucción recibida del Gobierno de sancionar sin cambios el texto de Diputados”. .

Los granos con que preparan los alimentos balanceados con el que hacen esa carne producida en forma industrial, también los pagan a 165 dólares como si fuera para exportación, cuando en realidad, esa soja no sale del país como grano, o sea que el alimento de sus criaderos, les cuesta la mitad que al productor común que hace carne, y con el que compiten en el mercado interno. En el caso que hagan biocombustibles estarían pagando como derechos para la exportación tan solo un 20% de retenciones, cuando le sacaron por los granos 45% al productor, o sea que el 25 por ciento es ganancia líquida, y estamos hablando en este caso, de aproximadamente 75 dólares de ganancia por tonelada, producto de una estafa lisa y llana aunque legalizada, que por otra parte no se denuncia, sencillamente por una dependencia ideológica de las víctimas que aceptan sufragar ese precio vil para continuar dependiendo de un liderazgo que viene de larga data.

De esa manera, podríamos afirmar que cualquier política tributaria que se establezca, en los marcos del actual modelo de agro exportación y de producción de commodities, no hace sino, fortalecer la tendencia a mayores cultivos industriales, a la vez que añadir riquezas a los que más tienen, los pooles y las Corporaciones. Las políticas actuales, acrecientan las prácticas de una agricultura industrial sin agricultores ni población en el campo. Las mayores retenciones a la Soja devienen paradójicamente, de esa manera, en una mayor sojización.

Respecto al actual paro agrario, entendemos que no se debería hablar más de la oligarquía, al menos tal como a ella nos referíamos hasta no hace demasiado tiempo, tal como continúan haciendo sectores “progresistas” funcionales al sistema de la Soja, porque en realidad una oligarquía es una clase que tiene poder propio o que tiene poder sobre el Poder y en este caso uno de los problemas de estos ricos ganaderos invernadores es que no solo no tienen suficiente poder sobre el Gobierno o sobre el Estado, sino que ni siquiera tienen la capacidad de negociar más o menos exitosamente con los Frigoríficos o con los Pooles, y por eso el pataleo y las tensiones en las que estamos, sin suficiente conciencia y con discursos antiguos, prejuiciosos y con connotaciones al pasado, en que sobrenadan enormes confusiones y nostalgias de la época en que tenían poder, y en especial en los que no queda claro, aparte de los propios fantasmas, contra quien se pelea o acaso qué es lo que se quiere ! conseguir. Volver al pasado para ellos es imposible, deberían en todo caso saber negociar en el presente con los gerenciadores del modelo, pero se les mezclan ideologías viscerales y los viejos discursos se les imponen absurda y patéticamente, sembrando aún más confusión en los escenarios políticos de la Argentina, donde todas las tendencias y vectores parecieran continuar alentando desde diversos abordajes a la Republiqueta Sojera.


Repudiamos el Lockout sojero

No al modelo de agronegocios actual
exigimos políticas para los campesinos indígenas

Desde el Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI), integrado por 15.000 familias de siete provincias, expresamos nuestro repudio al lockout agropecuario, el mismo expresa la ambición egoísta de los agronegocios que, no conformes con haber devastado y saqueado los bienes naturales para ganar millones de dólares, van por más.

Las llamadas “entidades del campo” (SRA, CRA, FAA y CONINAGRO) sólo pronuncian los dictados de los agronegocios. Su símbolo actual es la soja transgénica, que por su alta rentabilidad ha devastado bosques, desalojado comunidades campesinas e indígenas, contaminado suelos y aguas, y aumentado los precios de los alimentos en el mercado interno. Nuestras comunidades se ven diariamente amenazadas por matones y topadoras que responden a esta política del “campo”.

El avance del modelo sojero, iniciado durante el menemismo y acentuado en esta década, significa un desierto verde y contaminado, sin agricultores y ciudades saturadas de familias expulsadas de las zonas rurales. Coincidimos con la necesidad de frenar el avance de la soja en nuestro país, y entendemos que las retenciones e impuestos progresivos son medidas necesarias, sin embargo insuficientes.

El Gobierno durante años ha fomentado los agronegocios. Casi no existen políticas destinadas a las comunidades campesinas indígenas.

El modelo sojero no es sostenible por debajo de las 500 hectáreas. La enorme cantidad de “pequeños productores” que poseen menos de 500 hectáreas la arriendan, a un precio fijo, a un productor mayor. Este productor mayor es quién afronta las retenciones, y no quien arrienda. Algunos “pequeños productores” han quedado envueltos en el doble discurso de la Federación Agraria Argentina (FAA) y participan de los piquetes engañados, ya que las retenciones no lo afectarán. FAA ha vuelto a responder a sus socios sojeros abandonando a sus federados pequeños, como lo hizo en distintos momentos de la historia, lo más reciente: su silencio durante los 90 cuando fueron expulsados del campo 300 mil pequeños productores.

Esta es una oportunidad para redefinir las estrategias de desarrollo en función de la agricultura campesina indígena, el pequeño agricultor que vive en su predio, el trabajador rural. Esa estrategia debe contar como actores fundamentales a las organizaciones campesinas y los pueblos originarios, destinar recursos a créditos y subsidios que mejoren la infraestructura comunitaria, productiva y de servicios sociales en el campo profundo, detener los desalojos de familias campesinas e indígenas, planificar la redistribución de la tierra y el repoblamiento del campo, garantizar la producción de alimentos sanos para la población y centralizar en el Gobierno las exportaciones para regular los precios internos y redistribuir los ingresos.

La correcta reglamentación de la ley de bosques es otro paso fundamental.

El modelo sojero avanza a medida que hace retroceder otros cultivos, lo que encarece la canasta básica. Por sobre todo, el modelo sojero elimina mano de obra: genera sólo un puesto de trabajo cada 500 hectáreas. La agricultura campesina genera 35 puestos de trabajo genuinos por cada 100 hectáreas, garantiza diversidad productiva, abastecimiento de mercados locales, desarrollo de la identidad cultural y protección y uso sustentable de los bienes naturales

Es necesario caminar a la Soberanía Alimentaria de nuestro pueblo y eso NO ES compatible con monocultivos transgénicos ni con el libre mercado.

Buenos Aires, 26 de marzo de 2008
Secretaría operativa - Movimiento Nacional Campesino Indígena
Contactos: 0261-15-5615062 / 03843-15-456493 / 0351-15-6853946


Lo que está detrás del paro agrario argentino

Guillermo Almeyra /I
La Jornada
30 de marzo 2008

Argentina es un país altamente urbanizado, pero que depende esencialmente de la exportación de materias primas rurales. De ahí la posibilidad, para quienes controlan el mercado de carne, de soya y de cereales, de amenazar con hambrear a las ciudades y paralizar las exportaciones, chantajeando política y económicamente al gobierno nacional y anulando, de hecho, por la fuerza, tanto la voluntad popular, expresada deformadamente en los resultados electorales, como los planes y políticas nacionales de las autoridades. El llamado paro rural –en realidad, el lock-out de los empresarios del campo– es una expresión cruda de la lucha por el poder entre dos fracciones capitalistas, como lo indica el apoyo de las cámaras de industriales al gobierno en su enfrentamiento con la oligarquía ganadera-soyera-exportadora organizada en la Sociedad Rural (entidad que promovió y respaldó todas las dictaduras en el país) y las otras organizaciones del campo que, a pesar de sus diferencias hasta d! e clase con ésta, la respaldan en este enfrentamiento con el gobierno.

Recapitulemos: casi 80 por ciento de la tierra agrícola argentina está sembrado hoy con soya, que en la última cosecha rindió más de 48 millones de toneladas, que se cotizan hoy en 151 dólares la tonelada (en los dos últimos días subió cuatro dólares) para la primera semana de abril. Haga las cuentas y tenga en consideración que casi 60 por ciento de ese mercado está en manos de los grandes soyeros (en realidad, de cuatro trasnacionales, dos de ellas argentinas). La soya, que se paga mucho más que otras commodities, “se come” por consiguiente la producción de cereales para alimentos y el pan sube, por lo tanto; y “se come” la ganadería, con lo cual escasea la carne, que sube de precio. Además, el monopolio soyero fija altos precios para el aceite y otros subproductos y ese monocultivo expulsa decenas de miles de familias campesinas. Los expertos agregan que la soya destruirá los suelos argentinos en 15 años. Pero ese promedio quiere decir que las excelentes tierras pampeanas! durarán más y en cambio los suelos frágiles de las provincias marginales desaparecerán antes: la soyización equivale en efecto a la desertificación, al desmonte, a la contaminación de las aguas y de la tierra, a la desaparición de bacterias y especies animales útiles, y la fumigación aérea envenena ya a los campesinos y los pueblos cercanos, mientras los demás productos del campo sufren el impacto de esta competencia.

La política del gobierno, por su parte, consiste en estimular la industria y en sostener el empleo (construcción, servicios, desarrollo industrial) sobre la base de bajos salarios reales (para permitir grandes ganancias a los empresarios e inversionistas) y de un dólar caro, para abaratar las exportaciones argentinas, incluso industriales, y frenar las importaciones. Ojo: los soyeros y otros grandes sectores rurales también invierten en la construcción, en el boom inmobiliario y en la industria y ganan enormemente gracias a la política monetaria que les permite exportar. No se pueden quejar pero disputan el poder al sector que privilegia a la industria y que debe subsidiar el consumo de alimento y los servicios (sobre todo, el transporte) de los sectores más pobres (casi todos urbanos) de la población nacional para mantener bajos los salarios reales y que, por lo tanto, cobra impuestos a los más ricos (la llamada “retención” de una parte de las ganancias logradas por los soy! eros es en realidad un impuesto). Dichos impuestos, en Europa, llegan a 40 por ciento del producto interno bruto y en Argentina están muy por debajo de esa cifra. Además, la tasa de ganancia europea, en las finanzas, es 5 por ciento, y en la industria, 10 por ciento, mientras que en Argentina la misma se quintuplica, de modo que quienes, como el diario La Nación, hablan de “confiscación” o “expropiación” son demagogos sin escrúpulos. El gobierno no sólo respeta la propiedad capitalista sino que la defiende y mantiene al aceptar sin crítica alguna el actual modelo y al no intentar siquiera aplicarles a los exportadores un régimen similar al implantado en el primer gobierno de Perón (1946-1952) mediante el Instituto Argentino Promotor del Intercambio, que monopolizaba el comercio exterior de productos agrarios y, con la diferencia entre los precios internacionales y los internos, hacía escuelas, obras públicas, promovía el desarrollo en las provincias y la industrialización.

El gobierno acepta de buen grado que cuatro empresas trasnacionales se queden hoy con ese enorme excedente y se limita a tratar de ponerles un impuesto moderado sin intervenir en el campo, ni siquiera como los hacían los gobiernos conservadores hace 70 años, creando juntas reguladoras. Para él, el libre mercado es sagrado y el interlocutor no son los trabajadores sino la Unión de Industriales, no son los trigueros sino los grandes harineros, no son los campesinos sino las organizaciones de la patronal rural, no son los consumidores sino los supermercados. No hay pues conflicto entre clases opuestas sino un conflicto intercapitalista en el que los rurales tienen en rehenes a los pobladores urbanos al fabricar una gran carestía de alimentos y un aumento de precios de los mismos para arrojar a los sectores urbanos empobrecidos contra el gobierno. El hecho de que las cuatro trasnacionales que controlan el mercado sojero y la Sociedad Rural hayan podido arrastrar en su lock-out a! los pequeños y medianos empresarios agrarios (no así a los campesinos) y la utilización política del conflicto por la derecha y por los medios, debe ser analizado aparte.